La importancia de parar un ratito

Si seguimos trabajando y corriendo al ritmo que estamos acostumbrados y que hemos aceptado como “normal”, todos nos vamos a estrellar contra algo en algún momento. Es casi como una ley natural y todos lo sabemos.

Desde que empecé a trabajar a los 18 años, creo que casi no he parado. Y eso no está bien.

A los que crecimos en los años 80, y a la mayoría de los que nos criaron y quienes los criaron a ellos, nos educaron para entender que alguien que no para de trabajar es alguien exitoso y esforzado. Alguien que tiene tanto que hacer todo el día que está produciendo (dinero) constantemente y es, por ende, feliz.

Esa formula de éxito = productividad = dinero = felicidad no sólo ha sido desbancada constantemente por cada persona que tiene que tirar la toalla por agotamiento, depresión, o algún problema de salud, sino que nos ha llevado a un momento social en el que muy poca gente está contenta con lo que hace.

Siempre estamos (o sentimos que debemos estar) haciendo algo y cuando sentimos que no, inmediatamente corremos a nuestras pantallas para ver en qué nos ponemos a matar el tiempo.

No se vaya a decir que somos unos vagos.

Lo cierto es que en esos ratos para nosotros, los ratos en lo que de verdad estamos a solas y dedicándonos a nosotros mismos (el rato que pasamos en instagram o facebook no cuenta), son absolutamente necesarios para el mejor funcionamiento de nuestro cerebro y cuerpo en general.

Es en muchos de esos momentos en los que paramos, en los que se nos vienen esas ideas “geniales”. Las soluciones a problemas que llevábamos días tratando de resolver. Desde cosas de trabajo, a temas personales clave.

Sin estos ratitos, nos convertimos en máquinas. Y de esas ya tenemos demasiadas.

Hoy escribo esto porque mi cuerpo me hizo un llamado de atención esta semana. A pesar de que esto sea algo que siempre le hablo a las personas que atendemos en GoodFood, no hay nadie que se salve de esa vorágine espantosa que pareciera succionarnos a todos a veces como un hoyo negro.

Esta semana mi cuerpo me dijo: “Papito, hasta acá le aguanto la necedad de seguir dándole y dándole. Si no para usted, paro yo.” Y así lo hizo.

Pasé una noche fatal, sintiéndome pésimo. Y todo por no ponerle atención a mi cuerpo desde hace días. Hemos estado con mucho trabajo y yo quise seguirle dando a pesar de las señales: estaba cansado, con un frío rarísimo, no tenía la misma fuerza al hacer ejercicios y andaba hasta irritable.

Pero no, el super yo le ganó al yo de verdad que lo único que necesitaba era parar un momentito, descansar y ver las cosas de nuevo con una mirada fresca.

No fue nada grave. Una recaída de gripe o algún virus de esos que andan todo el tiempo flotando por el aire como diablillos esperando a detectar algún cuerpo debilitado por el estrés.

Si no hubiera parado para cuidarme hoy, es muy probable que ni siquiera hubiera sacado el rato para escribir esto. Que al final me está sirviendo como terapia y ya me estoy sintiendo muchísimo mejor.

Mañana me mando de nuevo a la vorágine. Como un surfo cuando se manda en una ola. Pero al menos tuve el rato de flotar un ratito para escoger cuál ola quiero surfear sin que el mar me siga revolcando.

Es hora de parar un ratito. Es hora de volvernos a chinear y de ver esos chineos como parte de nuestra productividad y, aún más importante: nuestra felicidad.

SL

Aquí van cuatro áreas y preguntas clave que promovemos en GoodFood y que nos pueden servir para revisar cada día si nos estamos dando esos ratitos:

1. Actividad física: ¿Saqué el rato hoy para hacer ejercicio o moverme de alguna manera?

2. Comer sin el teléfono: ¿Me estoy dando el chance de sentarme tranquilx a la mesa sin el teléfono al lado?

3. Descanso: ¿Estoy durmiendo suficiente? ¿Me tomé un descanso de las pantallas, o estoy pegado al teléfono hasta el último segundo antes de dormir?

4. Tiempo libre o vacaciones: ¿Hace cuánto fue la última vez que realmente me desconecté de todo por unos días?

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